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Ellos son eternos

Bailarina bicolor, de Chanel

“Son el último grito en elegancia. Una mujer con unos buenos zapatos, nunca está fea”, repetía Mademoiselle Chanel. Ciertamente este alarde de elegancia y comodidad es uno de los emblemas de la maison –con permiso del 2.55–. En los años 20 y 30 se practicaban deportes de hierba, como el tenis y el golf, así que la punta negra del zapato disimulaba las inevitables manchas. Inspirándose en ellos, pero depurando y simplificando las líneas, Coco crea un modelo bicolor práctico y elegante. “Con cuatro pares de zapatos puedo dar la vuelta al mundo”, afirmaba Mademoiselle. Uno de ellos tienen que ser las bailarinas bicolor.

Tribute, de Yves Saint Laurent

Aparecieron por primera vez en la colección crucero 2008 y desde entonces son reeditadas temporada tras temporada. Las tres tiras entrelazadas y la sutileza con la que asciende por el empeine hasta el tobillo lo convierten en un zapato femenino e inspirador, cualidades indispensables para alcanzar la categoría de clásico.

Pigalle, de Christian Louboutin

Negro, rojo, punta afilada y tacón de vértigo. No hay más en el Pigalle, al menos no en apariencia. Pero ese aire deliberamente fetichista enmascarado de discreción lo han convertido en el zapato más famoso de la firma. Tanto la versión más sencilla como las constantes reinterpretaciones –la de la imagen, cargada de tachuelas, es una de las más conocidas– son un auténtico best seller.

Bailarinas, de Lanvin

Con su inconfundible filo elástico y las punteras más optimistas del universo, las bailarinas de Lanvin se han convertido en uno de los puntales de la casa de moda y de paso demuestran que los zapatos planos pueden ser tan icónicos como el tacón más alto.

Sedaraby, de Manolo Blahnik

La reacción es instantánea: es decir Sedaraby y Sarah Jessica Parker –o mejor dicho, Carrie Bradshaw– emerge en nuestra mente luciendo un look imposible y unos delicados zapatos con la puntera abierta, tacón afilado y broche en el empeine. El modelo de Blahnik, cuyo esquema sigue inalterable temporada tras temporada, se convirtió en un icono de principios de la década de 2000 y de paso en la obsesión de miles de adictas a la serie.

Fabiana, de Alexander Wang

Aunque llevan pocas temporadas entre nosotros, estas sandalias ya se han convertido en una auténtica pieza de colección. No hay más que pararse a la entrada de algún desfile internacional y contar fabianas. Se cuentan por decenas. La sencillez de sus líneas y esa irresistible capita que corona el talón son la clave de su éxito.

Belle Vivier de Jour, de Roger Vivier

Monsieur Vivier la creó por primera vez para Yves Saint Laurent como parte del vestuario de la película Belle de Jour protagonizada por Catherine Deneuve en los 50´s. Desde aquella primera bailarina –de charol negro, el modelo más emblemático– se han vendido más de 120.000 pares y han encumbrado a esa hebilla cuadrada como uno de los símbolos más potentes de la maison.

Mary Jane, de Miu Miu

Era de preveer: si hay unos zapatos que Miu Miu pudiera reinventar cada temporada esos tenían que ser unas mary jane. Son las que mejor encajan con el espíritu naïf y un tanto perturbador de la marca italiana. El glitter y el charol son los materiales fetiche. Ellos se encarga de que el mito de Dorothy siga vivo en nuestro imaginario (y en nuestro guardarropa).

Kitty, de Charlotte Olympia

Cuando todos los zapatos del mundo palidecían por las infinitas plataformas externas de los tacones de Charlotte Olympia, la diseñadora decide reeditar las slippers con un suavísimo terciopelo negro, un pequeño tacón dorado y un gatito bordado en la lengüeta. El efecto fue instantáneo: hasta Alexa Chung acude a eventos con vestidos de ensueño y unos cómodos zapatitos maulladores.

Varina, de Salvatore Ferragamo

Herederas directas del modelo Vari –el emblemático diseño creado por la casa italiana en 1979–, las nuevas bailarinas Varina son una reinterpretación de aquel en clave 2.0. Las señas de identidad se mantienen, como el lacito de gros grain con la chapita metálica del logo, pero se han simplicado aún más las líneas y ampliado la carta de color. Kirsten Dunst, Demi Moore o Drew Barrymore ya han encargado los suyos, ellas saben identificar un clásico.

Botas Jumping, de Hermès

Que unas botas altas de inspiración hípica trasciendan la dimensión espacio-tiempo para convertirse en un objeto eterno no es algo muy habitual. Es una hazaña que sólo Hermès podía hacer realidad. En piel de potro o de ante y con esa inconfundible trabilla que cae sobre el final de la caña, las Jumping presumen de una elegancia clásica y con carácter.

Sandalias, de Alaïa

Sus zapatos son el secreto mejor guardado de las estilistas. El botín con cordones es uno de los modelos más cotizados, pero las sandalias con mil tiras de cuero entrelazadas son las reinas indiscutibles. Tienen alma parisina y encajan a la perfección con un look army o gótico. Es la pieza estrella de cualquier insider de la moda, una especie de lenguaje sólo apto para iniciados.

Gommino, de Tod´s

Es, probablemente, el mocasín más famoso del mundo. Se diseñó con la misión de aunar estilo italiano y funcionalidad 24 hours. La llave para crearlos vino de los zapatos que usaban para conducir en los años 50´s. Los reconocerás por las 133 gotitas de goma –ni una más, ni una menos– de la suela.

Bailarina Cendrillon, de Repetto

Pertenece a la categoría de aquellos diseños que la firma considera ‘Los Míticos’, una nomenclatura de reminiscencias mitológicas totalmente justificada, ¿o es que puede haber una bailarina más perfecta que aquella fabricada por una casa que diseña zapatillas de ballet desde 1947? Creada en 1956 a petición de Briggite Bardot –de hecho la actriz las llevó en color rojo en Y Dios creó a la mujer– la Cendrillon es hoy sinónimo de feminidad delicada y hace que todas nos sintamos un poco bailarinas.

Sneakers Bekett, de Isabel Marant

A pesar de no haber aparecido nunca en un desfile de Isabel Marant, las sneakers se convirtieron desde el principio –se crearon en la temporada otoño-invierno 2010– en un auténtico hit. “Las deportivas con cuña siempre me han parecido muy poco atractivas. Para mí todo es cuestión de estilo y actitud, así que cuando creé las mías el reto era encontrar el equilibrio entre una estética bonita y el confort de una zapatilla plana. Trabajé muy duro en la cuña oculta para estar segura de que quedara bien y de que alarga la silueta de la forma correcta”, afirma la diseñadora. Las continuas reediciones en su corta trayectoria y la fiebre celeb –Kate Bosworth, en la imagen, es una de sus mayores fans– que padecen han convertido estas sneakers en uno de los modelos con más proyección a largo plazo en nuestro armario.

Clue, de Jimmy Choo

El modelo más carismático de la firma es una lección práctica del menos es más: tacón fino pero asumible, plataforma discreta, abertura delantera con un cierto aire retro y talón descubierto. Un ejemplo bastante ilustrativo de que los clásicos son tan discretos como infalibles.

Miss Dior, de Dior

Inspirados en las líneas de los años 50´s, los Miss Dior convierten los zapatos de salón en un hallazgo femenino y atemporal. La lazada en el talón es el detalle que los define. En piel, ante y raso, todos mantienen la elegancia de lo esencial.

Zapatos con tachuelas, de Valentino

Que las tachuelas no te confundan: los zapatos de la casa italiana no son subversivos ni iconoclastas, en todo caso permiten rebajar algún entero la candidez de la que siempre presumen los diseños de la firma, convirtiéndolos en un objeto insólito sin fecha de caducidad.

Bailarinas Mouse, de Marc by Marc Jacobs

Apelan a la niña que todas llevamos dentro y están cargadas de sentido del humor. Una muestra más del carácter atípico del diseñador norteamericano, que ha conseguido que una pieza tan personal se haya consolidado como uno de los iconos de la firma.

Botas de agua, de Hunter

Desde que Kate Moss acudiera a aquel Glanstonbury con unos escuetísimos shorts y unas Hunter todo cambió en el universo de los outfits festivaleros… y en nuestros armarios. De repente, las botas de agua eran chic. Bueno, las Hunter lo son. Ese aire decididamente british consiguió que todas deseemos que llueva en otoño sin parar para calzarnos nuestras botas de agua.

Fuente: Vogue.es

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