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Suave, cálida, fina, noble: la alpaca es la estrella del Salón de la Moda Ética de París, de la mano de diseñadores andinos como los peruanos Giancarlo Gallo y Henry Vela, que con esa fibra han fabricado creaciones que buscan lanzar al mercado internacional.

Mientras Nueva York inaugura este domingo la ronda de Semanas de la Moda para la primavera verano 2013, en un gran salón de exposiciones contiguo al museo del Louvre, Gallo y Vela, junto con otros diseñadores “ecológicos” venidos de los cinco continentes, presentan sus creaciones, responden a periodistas, dialogan con compradores.

“La alpaca se está abriendo espacio en el mundo de la moda porque los compradores europeos más exclusivos están buscando materias nuevas”, explicó a la AFP Vela, de 37 años.

“Nos ayuda también que desde hace un tiempo la imagen del cashmere está perdiendo prestigio, se ha banalizado. Y cuando los compradores descubren la alpaca, que es también suave, agradable al tacto, y más exclusiva que el cashmere, pues quieren más”, afirmó el creador, que lanzó hace cinco años su línea Vela Vera.

La consultora Rosario Pajuelo, que trabaja en la promoción de diseñadores peruanos en el extranjero, coincide en que la alpaca “le está haciendo cada vez más la competencia al cashmere, cuya imagen se ha degradado”.

“Ahora se pueden encontrar prendas de cashmere hasta en los supermercados”, dice, señalando que el centro de la producción mundial de alpaca (un 95%) está en Arequipa y Puno, cuyos tejedores manejan tradiciones de producción textil que tienen más de 3.000 años.

“Dominamos las técnicas de los tejidos, el hilo, el teñido, el uso de los colores. Respetamos el trabajo artesanal, el medio ambiente, no usamos tintes prohibidos en la Unión Europea. Por eso el alpaca es un producto nicho de Perú”, explicó, indicando que “así como la gastronomía peruana es ahora reconocida en el mundo entero, así será con la moda”.

Para Vela, que creció en Arequipa y estudió diseño en París, el desafío es “darle un nuevo aire” a la alpaca, trabajándola con nuevas técnicas, diseños, colores, para llegar al exigente mercado internacional, el único que puede pagar la alpaca.

“Para llegar a ese mercado hay que salirse de lo étnico, darle la prioridad a la calidad”, dice, notando que en Perú “la gente no compra productos fabricados cien por ciento con alpaca porque son muy caros”.

Vela, que lleva cinco años abriéndose poco a poco camino en Europa, admite que es un camino “muy arduo”, y que el mercado de la alpaca sigue siendo “muy confidencial”.

“He ido de puerta en puerta, de boutique en boutique, explicando a la gente lo que es la alpaca. Ahora ya tengo puntos de venta en París y otras ciudades de Francia, en Alemania, en Suiza, en Dinamarca”.

Su meta es, además de abrirle espacio a la alpaca y a su marca -“lo que contribuye a abrirle campo también a otros diseñadores andinos”, desarrollar su trabajo con comunidades de tejedores en Perú.

“Voy a pueblos lejanos, recluto a gente, les enseño nuevas técnicas, creo talleres. También voy a prisiones, les enseño, producen para nosotros”, dijo Vela, que advirtió sobre algo que considera una creciente amenaza, venida de Oriente.

“Productores chinos han comenzado a comprar alpaca en Perú, que mezclan con acrílicos, y que venden como alpaca, aunque sólo utilizan un 20% o 30% de esa fibra. Y como tienen una fuerza de comunicación muy fuerte, pues eso puede dañarnos mucho”.

Con sólo 25 años, el diseñador Giancarlo Gallo -que nació en la sierra de Perú pero tras la muerte de su padre se fue a vivir a Lima con su abuela, que fue quien le enseñó costura-, es otro enamorado de la alpaca, sobre todo de la baby alpaca.

“Soy un gran admirador de los tejidos y los espectaculares bordados artesanales peruanos”, afirmó Gallo, que tras ganar hace tres años el concurso de Jóvenes Creadores al Mundo en Perú empezó a trabajar con artesanos de Ayacucho y Huancavelica, cuyos tejidos en alpaca y bordados fusiona con tejidos como seda, en abrigos y trajes que presentó en una pasarela en París.

“Mi gran inspiración es Perú, pero también mi vida misma. Detrás de mis creaciones está mi espíritu, mi alma. Cada prenda que presento tiene una mano artesanal que la ha elaborado, una historia que contar”, explicó Gallo.

La madrina de la octava edición de este salón de moda, que cierra el lunes sus puertas, es la argentina Ludmila Pagliero, bailarina estrella de la Ópera de París, que confió a la AFP su identificación con los valores de la moda ética.

“Es importante entender que con cada prenda que nos ponemos podemos ayudar a destruir o a conservar el planeta”, confió Pagliero.

Fuente: terra.com.pe

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