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Los modistos Yves Saint-Laurent, Kenzo y Christian Lacroix se encuentran entre los más célebres creadores invitados a confeccionar el fondo de armario de la Ópera de París, cuyos talleres han decidido mostrar sus entresijos en una exposición que se extenderá hasta el próximo 15 de octubre.

El Palacio Garnier, que alberga la Ópera parisina desde 1875, revela por primera vez en más de dos décadas el vestuario que ha permitido representar espectáculos como “El Lago de los Cisnes”, “La Traviata” o “Carmen”.

“El objetivo era destacar el trabajo que se lleva a cabo entre bambalinas”, explicó a Efe Christine Neumeister, directora de los talleres de la Ópera, que tiene a su cargo a más de 150 trabajadores.

Neumeister, que ha supervisado la preparación de más de 70 espectáculos desde que llegara al puesto en 2005, se detiene en la minuciosidad con que trabajan esos “duendes” encargados de crear a mano y uno por uno los trajes de los personajes de cada nueva función, tarea que implica entre 80 y 160 horas por modelo.

“Preparar un espectáculo nos lleva entre tres meses y un año y medio, ya que óperas como ‘Carmen’ comprenden hasta 530 trajes distintos”, apunta.

La directora, que no se cansa de recordar la ingente tarea que supone cada nueva obra, recorre con la mirada la labor resultante de tantas horas de trabajo, en las que se debe hacer gala de imaginación frente a las exigencias de la función o del diseñador de turno.

En la exposición, se pueden ver desde trajes hechos con partituras musicales hasta vestidos de corte futurista, creados por ordenador y cuyas piezas han sido cortadas con láser; desde bellas prendas clásicas ricas en bordados, encaje y pedrería, hasta modelos inspirados en flores o en animales.

“Los diseñadores vienen muchas veces pidiendo imposibles. Están acostumbrados a trabajar con telas preciosas y frágiles, pero aquí hay que ser prácticos”, afirma Neumeister, cuyo departamento cuenta con un presupuesto de cuatro millones de euros al año.

La participación de artistas con la Ópera parisina no es nueva. Desde el siglo XVIII, numerosos pintores diseñaron vestidos teatrales y a partir de 1914 la colaboración se hizo habitual, de la mano de algunos tan célebres como Fernand Léger o Giorgio de Chirico.

A partir de los años sesenta, los modistas de alta costura tomaron el relevo, y el pistoletazo de salida lo dio Yves Saint-Laurent, cuando el coreógrafo Roland Petit le pidió que diseñara el vestuario de “Notre-Dame de Paris” en 1965.

Posteriormente, vendría la firma de Christian Lacroix sobre los trajes de “Les Anges Ternis”, en 1987, o la de Kenzo en la versión de 1999 de “La flauta mágica”.

Dividida en dos partes, la muestra dedica “una mirada a la proyección de la imaginación del artista, y otra a la realización en volumen de esta idea, al oficio”, resume el conservador de la Biblioteca-Museo de la Ópera, Mathias Auclair.

En total 150 diseños, entre maquetas, fotografías y documentos preciados, así como medio centenar de trajes componen la muestra que se despliega por los pasillos del Palacio.

“Poner vestidos en los rincones dormidos es una forma de animarlos y conceder al público una pequeña dosis de espectáculo, aunque evidentemente -señala- también esperamos alentar a la gente a venir a las funciones”.

“Aquí nos enfrentamos a una difícil tarea: Conservar la tradición, lo que implica asumir cierto arcaísmo, y permanecer abiertos a la innovación de los creadores, lo que supone entrar en el bucle de la modernidad”, indica el también comisario.

La muestra se detiene en el siglo XX y en sus revoluciones estéticas, que han obligado a los talleres a adaptarse a nuevas modas, métodos y tecnologías, confrontando los vestidos de la danza y la ópera clásicas a la vanguardia de la moda diaria y a la propia alta costura.

Fuente: lainformacion.com (Andrea Olea)
Fotografía: Opera de París

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